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lunes, julio 3

Plaza Roja


Por: Jorge Miguel Cocom Pech

¡Podrán acusarme de Peje, pero no de Lagarto! –afirmó emocionado Andrés Manuel López Obrador, líder nacional de MORENA, ante más de siete mil personas que lo vitoreaban ondeando banderines blancos en la Plaza Cívica 7 de Agosto en el Centro Histórico de Ciudad del Carmen. 

Ubicada delante del Palacio Municipal de la otrora Isla Tris, la Plaza Cívica ya se encuentra atestada de gente venida de los once municipios de Campeche; los más, obreros de esta ciudad anfitriona. Uno de ellos, Mario, trabajador de Pemex, me había dicho cuando aprisa íbamos a comer: “No nos dejan, a nosotros los trabajadores de Pemex, hacer gran cosa durante las horas de nuestro turno laboral. La empresa contrata (más bien, subcontrata) a otras para que trabajadores que no son de Pemex, hagan lo que nosotros podríamos hacer… Todo rentan. Rentan desde un martillo hasta otras herramientas pesadas.” Mario interrumpe sus palabras para echarse unos tragos de un refresco de cola. Antes de abandonar la sección de comida del mercado municipal carmelita, finaliza. “Aquí, en el Carmen, hubo mucho dinero cuando se extraían miles y miles de barriles de petróleo en nuestra costa. Nada más que, ese dinero no lo vimos, ni mucho menos se reflejó en el mejoramiento de la ciudad”. Hace una pausa en el camino, y luego añade: “Lo que sí vimos fue el aumento de cantinas, prostitución, encarecimiento de rentas y de alimentos, inseguridad, homicidios, sida…” No lo oigo más. Él, apenas libra un chorro de agua de una descompostura a la orilla de una banqueta. Yo me apuro. Tenemos que aligerar el paso. Ya voy retrasado al mitin. Al llegar al lugar escudriño por todos lados en donde hay mucha gente guareciéndose del sol y del intenso calor.

Han llegado a esta Plaza Roja miles de simpatizantes y correligionarios del dos veces ex candidato presidencial, Andrés Manuel López Obrador. Sin mostrar cansancio ni algún asomo de molestia, bajo un cielo entintado de azul, pleno de esplendor, y sin nube alguna, los asistentes  aplauden el discurso del tabasqueño que cuenta con muchos seguidores, en su mayoría, “los condenados de la tierra”, como el título de un libro que escribiera hace muchos años Franz Fanon; sí, son estos mismos condenados de la tierra, pero en tierras mexicanas que padecen, de norte a sur, una dictadura sostenida por una “democracia liberal”, envuelta en papel celofán y colgada sobre los alfileres de instituciones electorales desacreditadas hasta el tuétano. El Instituto Nacional Electoral, antes IFE, y el Tribunal Federal Electoral del Poder Judicial, que se han trastocado, por orden del titular del Poder Ejecutivo, en aparatos que organizan, avalan y la reproducción de la podredumbre política en México.

–¡Qué guapo está! –exclama una joven a la que veo sostener un par de libros. Y mientras me fijo en los detalles de su traje tradicional: porta una blusa blanca bordada con  galeones de hilo negro y, sobre una falda del mismo color, hay remates de bordados en la punta que le llega hasta las rodillas. Calculo que, esta linda campechana, tendría más de veinte años y pienso que se trata de una estudiante universitaria que esta tarde soleada desertó del aula de clases; una valiente joven que prefirió acudir a una clase; sí, de una clase de las que hay muy pocas en la vida y que raramente no se enseña en las aulas: la conciencia política.

Para llegar al estrado en donde lo esperan “invitados especiales”, entre otros personajes, la senadora Layda Sansores San Román, que va vestida de blanco; el cuestionado Ramón Ochoa Peña, ex líder del Congreso del estado y ex Secretario de Pesca de Campeche, Andrés Manuel tarda poco más de media hora. A su paso, decenas de manos, algunas sin conseguirlo, se estiran para estrechar las suyas. Y repentinamente, obligado por el gentío que se arremolina en torno a él, se inclina, desde donde alcanzo verlo, para saludar y abrazar ancianas y niños que han acudido con el propósito de verlo de cerca y saludarlo; o, cuando menos, tocarle la guayabera blanca que lleva puesta.

–“Ma’ tin tuklaj in wilike nojoch máaka’. No pensé ver a este gran hombre”, –dice a su hijo adolescente una mujer maya vestida con un huipil bordado de flores rojas, azules, amarillas y rosas.  –¿Tu’ux káajal ka tal, tu’ux síijech? ¿De qué pueblo vienes? ¿en dónde naciste? –Pregunto. Ella luego que se saca de la boca una semilla redonda de uaya cubana, tras obsequiarme una leve sonrisa, me dice: –Puk’nache’ilen. Ti’ síijeni’– Soy de Puk’nachen. Allí nací.

Con el acto multitudinario a realizarse en esta ciudad, Andrés Manuel López Obrador comienza una gira de trabajo que su partido ha denominado firma de El Acuerdo Político de Unidad por la Prosperidad del Pueblo de México y el Renacimiento de México en Campeche. Este mismo acto, se replicará mañana domingo en las ciudades de Mérida, Cancún y Chetumal.

Por fin, Andrés Manuel, pasa muy cerca en donde estoy parado. La gente que se quedó allá abajo del templete sigue gritando: “Es un honor… estar con López Obrador”, clamor que se confunde con los golpes de un instrumento de  percusión que ameniza musicalmente el acto político.

“–MORENA no tiene dueño. Es un instrumento de lucha del pueblo”. Con esas palabras el Peje, comenzó su alocución en la tarde soleada –luego añadió –“MORENA es una bendición;  es la esperanza de los mexicanos”. A mi lado, un hombre moreno de casquete corto no podía ocultar que era un judicial o un miembro de las fuerzas armadas vestido de civil. Para captar una mejor imagen para su reporte, a ratos levantaba su celular para hacer las mejores tomas de su grabación. 

Abajo y arriba la multitud aplaude las palabras de Andrés Manuel López Obrador; así, al referirse al gobernador campechano, Alejandro Moreno Cárdenas, López Obrador sentenció: “qué le puede decir Peña a ‘Alito’. Si Peña le dice a ‘Alito’, ya no estés robando, ‘Alito’, le contestaría: “¿Y tú de que hablas, si robas más?”. Más tarde en su discurso habló de recuperar el petróleo para los mexicanos; crear una refinería en Ciudad del Carmen; asimismo, impulsar el turismo mediante la puesta en marcha de un tren rápido que comunicaría a Cancún, Quintana Roo con Palenque, pasando por Campeche. La ruta sería Cancún-Tulum-Calakmul-Palenque para que los turistas nacionales y extranjeros puedan arribar seguros a los sitios arqueológicos más importantes del área maya de México.

De pronto, arriba de unos arbustos, mientras el líder de MORENA enriquece el contenido de sus propuestas, decenas de libélulas azules bailan haciendo circunferencias sobre el ramaje verde en el que ya se miran amenazantes nubes grises. Sí, a lo lejos, el cielo empieza a perder su color azul. Miro hacia donde había visto a la delegación de morenistas del municipio de Calkiní y alcanzo ver a la maestra Eneida Vargas Rosado aplaude y aplaude a su líder; a su lado la custodian, Víctor Tamay Chí, Rufino Chí Ak’e y Pablo Muñoz Cabrera. Allá arriba en donde están los invitados especiales, veo al profesor Silverio.
Nosotros, estamos abajo; aquí abajo, confundidos y fundidos con el pueblo. Ese pueblo al que López Obrador confía para llegar a la Presidencia de México.