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lunes, julio 10

Alianza PAN.PRD: la profecía cumplida


Por: Luis Humberto Fernández Fuentes - Revista Siempre

Hay pocas frases tan odiosas, mal recibidas, molestas e incómodas, pero tan claras y contundentes, como es: ¡se los dije!

Escribo esto porque el anuncio de una eventual alianza entre el PAN y el PRD fue parte fundamental de los escenarios que previmos los senadores que renunciamos a la fracción parlamentaria del PRD en el Senado de la República.

En su momento, los elementos estaban a la vista. Quien se manifestó e incluso hizo campaña a favor de un candidato del PAN, no recibía ni siquiera un mal comentario, sin embargo, la respuesta a quien proponía el análisis de la conveniencia de una alianza con Morena, fue virulenta, violenta, inexplicable y sin sensatez política. La verdad es que nunca existió un interés honesto de tener una coalición con López Obrador, por una sencilla razón: las alianzas con él se hacen con base en principios y no en posiciones.

Hoy el PRD enfrenta la fase final de una larga agonía por la que ha pasado, en la que no quedan más que unos pocos señores de partido, sin liderazgo significante. Para ejemplificarlo, baste decir que al día de hoy en el PRD hay muy pocos exgobernadores, ningún Jefe de Gobierno y menos ex presidentes de partido.

Con este anuncio, el PRD pierde su vocación de proyecto nacional. En caso de darse esta alianza, que se antoja poco probable, el PRD se convertiría en un partido local con aspiraciones en la Ciudad de México, pero centradas en cuatro o cinco familias.

Si no se diera la alianza, como es previsible, ¿cuál sería el papel del PRD en el proceso federal? Sería muy triste y desafortunado que una fuerza que fue motor de la política nacional sólo tenga utilidad a partir de su capacidad de restarle votos a López Obrador, pero a eso lo han llevado.

Hoy el punto es que no hay posibilidad de una tercera alternativa. Sólo es el status quo, depredador y expoliador, o un proyecto de cambio. No hay más. Cualquier postura intermedia es funcional al sistema.

El escenario que sigue es claro: se armará un bloque político, pero no para frenar al PRI, sino para serle funcional a un grupo de intereses ajenos al interés público.

México es un país con la mayoría de su población en pobreza, gran desigualdad, violencia y fragilidad institucional, y necesita un partido sólido de izquierda y una agenda progresista que sean un contrapeso al poder. Hoy el PRD no lo es.