Por: Blanca Uc Martínez.
30 años de neoliberalismo en México se dicen muy rápido, pero se sienten eternos. Hasta da la sensación de que siempre ha estado ahí, reinando en la impunidad. No siempre ha sido así.
Son cinco los modelos económicos que han forjado la historia de nuestro país. Tenemos el modelo de Industrialización por sustitución de importaciones, que implementó Miguel Alemán en 1940 y perduró hasta 1954, en el contexto previo y posterior a la segunda Guerra Mundial. Este modelo consistió en incentivar el desarrollo industrial para producir en el país los productos que anteriormente se traían del extranjero. A la época en que se aplicó esta política económica se le conoce como el “milagro mexicano”, pues la Segunda Guerra Mundial hizo que se incrementara la demanda de los productos mexicanos a causa de la baja producción de los países en guerra.
El modelo de Desarrollo estabilizador (1954-1970) de Gustavo Díaz Ordaz y Luis Echeverría Álvarez proyectó modernizar la industria, aumentar la productividad y lograr la competitividad internacional a través de la incorporación de tecnología moderna. Una de las intenciones de Echeverría fue reordenar el régimen mixto constitucional a través de la inversión pública, como la clave para dirigir al país hacia el crecimiento.
El modelo de Desarrollo compartido aplicado de 1970 a 1982, pretendía la combinación de un alto crecimiento económico con un reparto equitativo del ingreso que permitiera poner fin al desempleo y la pobreza. Se aumentó el gasto público debido al crecimiento de la población que demandaba cada día más servicios lo que debilitó la situación financiera del gobierno. Debido a ello se recurrió al endeudamiento interno y externo y siguieron aumentando las importaciones. En consecuencia, los proyectos productivos no rindieron los frutos esperados y se desperdiciaron importantes recursos, lo que provocó la crisis de 1976.
Cabe destacar que fue durante el sexenio de José López Portillo (1976- 1982) en el que el orden económico se vio alentado hacia el neo-populismo. Este modelo denominado Alianza para la producción -pero dentro del marco del modelo de Desarrollo Compartido-, desarrollaron las áreas estratégicas del acero, la química, la petroquímica, los fertilizantes, la electricidad y el petróleo, punta de lanza de este modelo desarrollista –fue aquí cuando el petróleo se convirtió en la base para el desarrollo de la economía-. México tuvo una tasa de crecimiento acelerada a través de la estabilidad de los precios internos. Esto se logró dividiendo el trabajo entre el gobierno, empresarios, obreros y campesinos. Mientras que en lo político se acercaba una oleada democratizadora, pues ya al final de la década de 1960 el país estaba dominado por el autoritarismo presidencial, lo que provocó una serie de protestas que desembocaron simbólicamente en el movimiento de 1968, que marca la decadencia del modelo. -¡El viento del capitalismo se movía hacia otros sitios!-
La situación nacional caería en una crisis profunda para 1982, al grado de que ésta fue el peor momento económico desde la revolución. Con la grave devaluación del peso, el país se quedó sin liquidez y la administración se declaró en moratoria, es decir, sin la capacidad de pagar la deuda externa. El estancamiento de la economía mexicana, generó una radicalización de la población que vieron disminuidos sus ingresos. Los elevados precios en alimentos y artículos vitales, la disminución de los apoyos al campo, el desempleo y los bajos salarios, fueron factores que repercutieron en las familias mexicanas e influyeron en la migración hacia el país vecino y en el crecimiento de las ciudades donde buscaban mejorar sus condiciones de vida. Como una medida urgente, el entonces presidente López Portillo decidió nacionalizar la banca, lo que no funcionó pues el peso volvió a devaluarse, de 70 pesos por dólar llegó a subir hasta 150 pesos. –cabe mencionar que esta crisis, que también fue llamada “la Crisis de la deuda", no fue exclusiva de México, sino que se extendió hacia toda la región de América Latina, en las débiles economías dependientes; la deuda externa de los países latinoamericanos se duplicó y hasta se triplicó en algunos casos como en México, lo que orilló a los gobiernos a endeudarse con los organismos internacionales para renegociar las deudas a cambio de redefinir el modelo económico. En este mismo año, 1982, Miguel de la Madrid fue electo nuevo presidente de México.
NEOLIBERALISMO, EL INCIO DE LA PESADILLA
El neoliberalismo es la doctrina económica que promueve políticas de comercio libres, la privatización de empresas públicas, la desregularización y el libre movimiento del capital. Bajo este modelo económico, los hombres de negocios han construido grandes fortunas en todo el mundo. El neoliberalismo en tanto forma de organizar la vida, es una doctrina ideológica que sitúa al mercado en el centro de la cosmovisión. Las relaciones humanas y con la naturaleza son cosificadas dentro de un proyecto político- económico- cultural que tiene como fin último la acumulación del capital.
Para 1982, la situación económica de México no era muy favorable, la crisis seguía y como consecuencia de las renegociaciones de la deuda externa, el presidente Miguel de la Madrid anunciaba un cambio en la estrategia económica, con reformas estructurales para consolidar una nueva orientación al mercado, él la llamó “una necesaria modernización”.
Los últimos 30 años de neoliberalismo en México, desde la firma del Acuerdo General de Aranceles y Comercio (GATT por sus siglas en inglés) en 1986, el mercado nacional se abrió a la voraz globalización económica, por medio de concesiones, nuestro país quedó en desventaja frente a la competencia extranjera. Pero eso no fue todo, con los vientos nuevos de la privatización, fueron desincorporadas empresas públicas por medio de la fusión, liquidación, extinción, y la venta a empresarios privados.
Posteriormente, con la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) con Carlos Salinas de Gortari en 1988, se inicia una nueva etapa en la que se profundiza la apertura comercial iniciada a mediados de los ochentas. Se concesionaron sectores claves como el agroalimentario; según escribe David Márquez Ayala en un artículo publicado en el periódico La Jornada en el año 2014, la nocividad principal de este tratado para nuestro país radica en la liberalización de la cuenta externa del capital, dándoles además el trato de nacionales y por lo tanto acceso sin restricciones a invertir, comprar y operar en el campo, la industria y los servicios. Salinas vendió empresas públicas so pretexto de que no eran operativas ni rentables en las condiciones actuales y resultaban más que una ayuda una carga para el Estado y por lo tanto debían ser entregadas al sector privado para su administración. Durante este polémico sexenio se fueron clarificando los postulados de este nuevo modelo económico en pleno ascenso y se definió lo que sería el rumbo del país durante los siguientes sexenios.
NEOLIBERALISMO A LA MEXICANA, LAS CONTRADICCIONES DE UN RÉGIMEN Y LA DIALÉCTICA DE LA RESISTENCIA
Con el ascenso de Enrique Peña Nieto al poder, y el regreso del PRI a Los Pinos –y sí, me salto la narrativa histórica del año 2000, cuando la supuesta alternancia democrática llevó al PAN al poder, y me salto este episodio porque sugiero no hubieron cambios significativos en la política económica de Fox comparándola con sus antecesores, la misma propuesta programática fue puesta en marcha. Hecho que todavía es más claro al analizar el gobierno de Felipe Calderón Hinojosa, quién llega a la presidencia luego de un fraudulento resultado en los comicios del 2006. En definitiva, hubo alternancia democrática en la silla presidencial, pero sin cambios en lo sustancial, el modelo neoliberal continuó avanzando.- Con Peña Nieto, en el 2012, tras un operativo electoral modernizado para la coacción y compra del voto – recordemos las tarjetas SORIANA, MONEX, y la influencia de TELEVISA- entró en cocción un nuevo proceso de profundización de las políticas neoliberales como mandato del Fondo Monetario Internacional, cuyo programa contempla la privatización de sectores clave para el país, como lo es el sector energético y del servicio público.
Mediante un acuerdo entre las tres fuerzas políticas más importantes del país, PRI, PAN y PRD, firmaron el Pacto por México, así fue como se puso en marcha la agenda pública de las Reformas estructurales en diciembre del 2012. Casi cuatro años después, el país atraviesa una de sus peores crisis y grandes movilizaciones sociales se manifiestan en todo el territorio nacional precisamente en rechazo a dichas reformas.
El descontento social generalizado no parece fuera de lugar si se leen los números fríos de las estadísticas, por ejemplo, según datos del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL) y en contraste con las cifras que presentó Peña Nieto, el índice de pobreza se elevó desde que asumió la presidencia en el 2012 y ha pasado de 52.8% a un 55.3% durante el año 2014. Los últimos 20 años los niveles de pobreza en México no han cambiado mucho, y en lo que va de la actual administración, dos millones de pobres se han anexado a las estadísticas de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL). Por si esto fuera poco, en un vergonzoso contraste, según datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), México es el país que tiene la mayor desigualdad en la distribución del ingreso, pese a la mayor concentración de la riqueza en unos pocos. Según uno de los reportes más recientes de esta organización, en nuestro país, la diferencia entre el ingreso de 10% de las familias más ricas y el 10% de los hogares más pobres fue de 28.5 veces en el 2013.
La crisis por la que atraviesa el país no sólo se expresa en la marcada desigualdad social sino también en la crisis financiera, clara muestra de ello es la actual devaluación del peso mexicano. No basta con echarle la culpa a Trump o al petróleo, una de las causas por las que nuestra moneda pierde valor es la demanda de dólares por las élites económicas que están sacando su dinero, llevándoselo a paraísos fiscales para evadir impuestos. Jugosos negocios que se hacen al amparo del poder público en el que unos cuántos inversionistas se enriquecen mientras el país no crece más del 2%, como lo señala el investigador en economía, Martín Romero Morett.
Desde 1982, el neoliberalismo en México ha significado entregar los recursos naturales a grandes capitales internacionales a costa de la desgracia de la mayoría; la acentuada desigualdad social, el abandono del campo, la corrupción, la ausencia de democracia y la devaluación, nos alertan de una crisis estructural del sistema que a su vez evidencia el tremendo fracaso del modelo neoliberal en nuestro país, ya que no sólo no ha logrado ninguno de los objetivos que se propuso sino que ha llevado a México a una situación insostenible. La crisis social ha sido pretexto para que millones de mexicanos se vuelquen a las calles a protestar contra un gobierno que ha perdido toda credibilidad por corrupto y por sus políticas económicas antipopulares. El fracaso del peñanietismo es también el fracaso de un modelo económico que hoy no responde a las circunstancias y necesidades de los mexicanos.
El neoliberalismo a la mexicana pende de un hilo, las contradicciones intrínsecas de un régimen que postula el libre mercado, el individualismo, la libertad de pensamiento y la categórica desaparición del Estado, pero que en los hechos sucede todo lo contrario. El Estado sigue manteniendo un autoritarismo político económico y no sólo lo mantiene sino que lo perpetúa a través de la violencia de Estado, pero de donde sí saca las manos es en su responsabilidad social, porque abandona su función como administrador y distribuidor la riqueza nacional y en su lugar se dedica a proteger la administración de los negocios de la burguesía, los grandes monopolios comerciales, nacionales e internacionales.
Con una elevada tasa de desaprobación el gobierno le apuesta a seguir con la misma política aunque esto le signifique electoralmente una derrota en las siguientes elecciones, para muestra basta observar los resultados de la última contienda en donde el partido oficial sufrió una estrepitosa caída en la preferencias de los ciudadanos.
Son estas contradicciones las que determinan el germen de la insurrección, y también el fin de un modelo para organizar la vida en comunidad. La dialéctica de la resistencia está arraigada a las fibras más hondas de la sociedad mexicana. Culturalmente un pueblo que ha construido su identidad a través de sus luchas por la liberación, un siglo después de la Revolución mexicana se avizora un nuevo posible escenario para cambiar el rumbo del país y mirar hacia nuevos horizontes democráticos.
